la sociedad en la antigüedad

LA SOCIEDAD ANTIGUA

1. GRECIA.

En ESPARTA se pueden distinguir tres grupos sociales: los espartiatas, los periecos y los hilotas. Los espartiatas son los ciudadanos de pleno derecho. Eran iguales en todos los aspectos de la vida: en la educación, se preparaban en el valor y la disciplina para su vocación militar; en lo económico, estaban libres de toda preocupación material, que dejaban en mano de las clases inferiores; y en lo político, consagrados íntegramente a una vida pública que les daba el papel dirigente.

Los periecos (‘que viven alrededor de’, es decir, alrededor de Esparta), eran habitantes libres de pequeñas ciudades o pueblos que no habían sido sometidos por Esparta. Estaban, no obstante, bajo control espartano, servían en el ejército y pagaban iguales tributos que los ciudadanos espartanos, si bien carecían de derechos políticos. Se encargaban de la industria y el comercio.

Los hilotas eran descendientes de los habitantes originarios a quienes los espartanos habían conquistado. Los hilotas pertenecían el estado, que era el único que tenía derecho de manumitirlos, pero eran asignados a ciudadanos particulares para realizar el trabajo necesario en la tierra y en la casa. No tenían derechos políticos.

En ATENAS, de una población total de medio millón de personas, sólo las dos quintas partes eran libres: Se distinguen: los ciudadanos, los metecos y los esclavos. Entre los ciudadanos (unos 40.000 en el siglo V a. C.) no todos eran ricos, sino que la mayoría eran jornaleros, minifundistas y artesanos. Para ser ciudadano eran necesarias dos condiciones: ser de padre ateniense (a partir de Pericles la madre tenía que ser también ateniense), y ser mayor de edad.

La vida cotidiana del ciudadano ateniense está dominada por la atención que requieren los asuntos del Estado, pero es evidente que los campesinos del Ática no podían dejar continuamente a sus mujeres y el trabajo del campo, por lo que de un total de 40.000 ciudadanos basta una asistencia de 6.000 para tomar decisiones.

Los ciudadanos atenienses podían dedicar la mayor parte de su tiempo a los asuntos del Estado porque les descargaban de toda actividad económica las otras dos clases sociales: metecos y esclavos.

Los metecos (unos 20.000 en el siglo V a. C.) eran extranjeros a los que Atenas les permitía vivir en su territorio. Estaban sujetos a casi todas las obligaciones financieras de los ciudadanos, pero tenían derechos limitados. Se dedicaban principalmente a actividades comerciales e industriales, y se encargaban de importantes negocios como la banca, los barcos, las importaciones…

Los esclavos (unos 300.000 en el siglo V a. C.) no tenían derechos y eran propiedad de sus amos. Realizaban casi todos los trabajos, aunque sus condiciones de vida no solían ser muy severas y podían alcanzar la libertad. Legalmente se les consideraba cosas, objetos mobiliarios que se podían vender, comprar o dar en prenda.

La principal fuente de esclavos era siempre la guerra: el guerrero vencido al que se perdonaba la vida se convertía en esclavo de su vencedor, si sus parientes no podían pagar un rescate conveniente.

2. ROMA.

La población romana está constituida por dos grandes bloques humanos: hombres libres y esclavos. Los hombres libres pueden ser ciudadanos (cives) o extranjeros (peregrini). A estos últimos se les permite residir en Roma, pero carecen de derechos políticos.

Los ciudadanos se dividían, en un principio, en patricios y plebeyos. Los patricios eran los descendientes de los primitivos romanos, y constituyen la aristocracia de la sangre. Los plebeyos forman la mayoría de la población en Roma, y proceden sobre todo de los pueblos sometidos y de la inmigración.

Tras la expulsión de los reyes (509 a. C.), comienzan las luchas sociales entre patricios y plebeyos, con la exigencia de éstos del reconocimiento de sus derechos políticos y civiles. A partir del 302 a. C. la plebe consigue el acceso a todas las magistraturas.

Al equipararse políticamente patricios y plebeyos, la antigua nobleza de sangre pierde gradualmente su importancia y deja paso a la nobleza de los cargos públicos (ordo senatorius –orden senatorial-) y a la nobleza del dinero (ordo equester –clase de los caballeros-).

Otra categoría dentro de los hombres libres la constituían los llamados clientes. Se trataba de ciudadanos libres que voluntariamente se ponían bajo la protección de una persona rica (patronus –patrón-). En los primeros tiempos, la clientela había supuesto una relación íntima y casi sagrada entre patrón y cliente, pero se convirtió durante el imperio en una relación de alquiler: el cliente pasó a ser una figura decorativa, mal pagada y peor tratada, en el séquito de su señor.

Los esclavos eran sólo cosas, no seres humanos. El poder de sus amos sobre ellos era ilimitado, pudiendo incluso darles muerte. El esclavo carece de bienes personales y no puede contraer matrimonio legal; podían elegir una compañera de esclavitud para celebrar con ella un matrimonio entre esclavos (contubernium).

Los esclavos podían recuperar su libertad (manumisión), bien como recompensa a una buena conducta bien porque el propio esclavo se la compraba a su amo. El esclavo manumitido se denominaba liberto, que goza de derechos limitados y continúa debiendo a su antiguo dueño respeto y fidelidad.

Las actividades comerciales, como también las artesanales, estaban en su mayor parte en manos de esclavos y libertos, porque los hombres libres, aunque fuesen pobres, consideraban estas profesiones como indignas de ellos.

3. La mujer en la Antigüedad.

En la Atenas democrática las mujeres tenían derechos severamente restringidos. No disfrutaban de ningún tipo de derechos políticos y no podían participar en el gobierno de la ciudad.

Su matrimonio lo concertaba su padre o pariente masculino más cercano. No podía heredar ni tener nada en propiedad. Cualquier asunto que tuviese que ver con ella había que tratarlo con su padre, hermano o tutor. Si no tenía hermanos que heredasen las propiedades paternas, ella, como heredera, iba con la propiedad, es decir, el pariente masculino más próximo al que le correspondiese la propiedad tenía que casarse con ella, divorciándose de su primera esposa si la tenía, a menos que quisiese renunciar a la herencia.

Las mujeres se mantenían recluidas en casa. Prácticamente todas las mujeres que tenían ciudadanía estaban casadas, y desde una temprana edad (alrededor de los 15 años), con hombres mucho mayores que ellas (alrededor de los 30 años); se las consideraba responsables de organizar el funcionamiento de la casa, incluidos los esclavos, de la crianza de los niños y, con la ayuda de los esclavos, de hilar, tejer y confeccionar todas las ropas que se necesitasen en la casa.

Las mujeres pobres, especialmente las viudas sin fortuna, a menudo trabajaban vendiendo mercancías en el mercado. Las niñas expósitas, las mujeres extranjeras y las esclavas eran con frecuencia tomadas como concubinas o se convertían en heteras.

En ROMA, en los primeros tiempos, el pater familias tenía un completo control sobre su esposa y su familia, pero en general la ley romana concedía a la mujer más derechos que la griega. No vivían recluidas en casa y comían con sus esposos; eran libres para abandonar la casa y visitar no sólo tiendas, sino también lugares públicos como teatros y juzgados. Muchas mujeres romanas de clase elevada eran influyentes y tomaban parte activa en los asuntos sobre los que se discutía en sus casas.

La mujer romana se casaba generalmente entre los trece y los diecisiete años. Una vez dentro de su casa, la mujer ocupaba una posición bastante independiente, sobre todo en época imperial, cuando se consideró a la mujer como propietaria de los bienes que ella había aportado al matrimonio. Así era lógico que las mujeres empuñasen con frecuencia las riendas de la casa, mandando en ellas más que el marido e incluso sobre él.

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